Prédica cristiana escrita para jóvenes sobre ser libres en Cristo: por qué la verdad hace libres, qué cadenas no siempre vemos y cómo vivir la libertad que Jesús da (Juan 8:31-36).
Introducción
Libertad es una de las palabras que más buscan los jóvenes: libertad para decidir, para ser uno mismo, para no depender de nadie. Pero se puede sentir libre y, al mismo tiempo, estar atado a algo: a una costumbre que no podemos dejar, a un resentimiento, al miedo, a lo que otros piensan de nosotros. Jesús habló de esto con claridad, y su mensaje es una buena noticia: podemos ser libres en Cristo.
Te invito a leer Juan 8:31-36 y a descubrir tres cosas: qué libera, de qué nos libera y para qué nos libera.
1. La verdad hace libres
«31 Y decía Jesús á los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará.» (Juan 8:31-32)
Jesús pone una condición y una promesa. La condición: «Si vosotros permaneciereis en mi palabra». No se trata de visitar la Palabra de vez en cuando, sino de permanecer en ella: vivir en ella como quien vive en su casa. La promesa: conoceréis la verdad, y esa verdad os libertará.
Esa verdad no es solo información: Jesús mismo dijo «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14:6). Conocer la verdad es conocerlo a Él. La libertad no empieza haciendo lo que queramos, sino conociendo a Cristo y permaneciendo en su Palabra.
2. Hay cadenas que no siempre vemos
«33 Y respondiéronle: Simiente de Abraham somos, y jamás servimos á nadie: ¿cómo dices tú: Seréis libres? 34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado.» (Juan 8:33-34)
Los que escuchaban a Jesús respondieron con orgullo: «jamás servimos á nadie». Pero eran esclavos de algo más profundo, y Jesús se lo dijo: «todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado». A veces somos como ellos: creemos que no estamos atados a nada, mientras ciertas costumbres, ciertas heridas o ciertos miedos mandan sobre nosotros sin que nos demos cuenta.
Hay cadenas que se notan, como un vicio o una conducta que repetimos aun sin querer. Y hay otras más silenciosas: el rencor, la necesidad de aprobación, el miedo al qué dirán, la culpa que no dejamos que Dios limpie. Reconocerlas es el primer paso de la libertad. Pablo lo explica así:
«Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.» (Romanos 6:14)
3. Solo el Hijo libera de verdad
«35 Y el siervo no queda en casa para siempre: el hijo queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.» (Juan 8:35-36)
Observa la promesa: «si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres». Ninguna técnica, fuerza de voluntad ni terapia por sí sola puede dar lo que da Cristo. Él no solo nos pide que dejemos las cadenas: nos las rompe. Y no nos libera para volver a atarnos:
«ESTAD, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez á ser presos en el yugo de servidumbre.» (Gálatas 5:1)
Estar firmes en la libertad significa no volver a lo que Cristo ya nos quitó. Cuando caemos, no es el final: volvemos a Él, confesamos y seguimos. Y no tenemos que hacerlo solos:
«Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho.» (Santiago 5:16)
4. Libres para vivir y servir
¿Para qué nos libera Cristo? No para vivir sin rumbo, sino para vivir con propósito:
«Porque vosotros, hermanos, á libertad habéis sido llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión á la carne, sino servíos por amor los unos á los otros.» (Gálatas 5:13)
La libertad cristiana no es hacer lo que queramos: es poder hacer lo que agrada a Dios sin que nada nos domine. Un joven libre en Cristo ama, sirve, perdona, se aparta de lo que daña y usa su vida para bendecir a otros. Esa es la verdadera libertad.
Conclusión
La verdad hace libres, y esa verdad es una persona: Jesús. Si hoy te sientes atado a algo, no te quedes callado ni lo enfrentes solo: acércate a Cristo, permanece en su Palabra y busca ayuda en alguien de confianza. «si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres». Esa promesa es para ti.
Aplicación
Preguntas para esta semana:
- ¿A qué cosas siento que estoy atado o que deciden por mí sin que yo lo quiera?
- ¿Estoy permaneciendo en la Palabra de Dios o solo la visito de vez en cuando?
- ¿Hay un resentimiento, un miedo o una culpa que necesito entregar a Cristo?
- ¿A quién puedo contarle con confianza lo que me pesa para que ore conmigo?
- ¿Cómo puedo usar mi libertad esta semana para servir a alguien?
Si quieres seguir leyendo sobre libertad y gracia, mira rompiendo las ataduras y salvos por gracia; y para soltar el resentimiento, aprender a perdonar. Más prédicas para jóvenes en Proyecto Líder.
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