Prédica cristiana escrita para mujeres sobre ser una mujer prudente: cómo Abigail actuó a tiempo, habló con humildad y dejó la venganza en manos de Dios (1 Samuel 25).
Introducción
Todas hemos vivido un conflicto que pudo terminar mal. Una palabra dicha de más, una respuesta dada con rabia, una decisión tomada en caliente. La Biblia nos presenta a Abigail, una mujer prudente que evitó una tragedia con sabiduría. De ella dice la Escritura que era «de buen entendimiento», mientras que su esposo Nabal era «duro y de malos hechos».
El contexto es este: David, perseguido por Saúl, había cuidado a los pastores de Nabal en el desierto. Cuando pidió comida para sus hombres, Nabal lo trató con desprecio. David, furioso, salió con cuatrocientos hombres para destruir su casa. Un siervo de Nabal lo cuenta a Abigail, y ella entra en acción. Lee 1 Samuel 25:1-35.
1. La prudencia actúa a tiempo
«18 Entonces Abigail tomó luego doscientos panes, y dos cueros de vino, y cinco ovejas guisadas, y cinco medidas de grano tostado, y cien hilos de uvas pasas, y doscientos panes de higos secos, y cargólo en asnos; 19 Y dijo á sus criados: Id delante de mí, que yo os seguiré luego. Y nada declaró á su marido Nabal.» (1 Samuel 25:18-19)
Abigail no se quedó lamentando la situación ni esperó a que el conflicto estallara. Vio el peligro y se apresuró. La prudencia no es lentitud ni indecisión: es ver el problema a tiempo y moverse con sensatez.
«El avisado ve el mal, y escóndese: mas los simples pasan, y reciben el daño.» (Proverbios 22:3)
La prudencia tampoco significa soportar en silencio cualquier peligro. A veces actuar con sabiduría incluye buscar consejo y ayuda a tiempo, antes de que el daño sea mayor.
2. La prudencia habla con humildad
«23 Y como Abigail vió á David, apeóse prestamente del asno, y postrándose delante de David sobre su rostro, inclinóse á tierra; 24 Y echóse á sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el pecado; mas ruégote hable tu sierva en tus oídos, y oye las palabras de tu sierva.» (1 Samuel 25:23-24)
Abigail se bajó del asno, se postró delante de David y asumió responsabilidad ante David. No discutió ni defendió la actitud de Nabal con argumentos. Habló con humildad y apeló a Dios y a la conciencia de David. Las palabras importan:
«LA blanda respuesta quita la ira: mas la palabra áspera hace subir el furor.» (Proverbios 15:1)
Una respuesta mansa no es debilidad. Es la fuerza de quien sabe que no necesita gritar para ser escuchada.
3. La prudencia no se venga ni deja que otros se venguen
«32 Y dijo David á Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases; 33 Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy el ir á derramar sangre, y á vengarme por mi propia mano: 34 Porque, vive Jehová Dios de Israel que me ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado priesa en venirme al encuentro, de aquí á mañana no le quedara á Nabal meante á la pared.» (1 Samuel 25:32-34)
David reconoció que Dios lo había detenido a través de Abigail: «bendito sea tu razonamiento». Ella le recordó que no era bueno que derramara sangre por su propia mano. La Biblia lo dice con claridad:
«No os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar á la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.» (Romanos 12:19)
Hay situaciones en las que tenemos razón y poder para responder con dureza. La prudencia sabe que no todo lo que podemos hacer conviene que lo hagamos, y que dejar la justicia en manos de Dios nos libra de cargar con lo que no nos toca.
4. La prudencia descansa en que Dios hace justicia
«38 Y pasados diez días Jehová hirió á Nabal, y murió. 39 Y luego que David oyó que Nabal era muerto, dijo: Bendito sea Jehová que juzgó la causa de mi afrenta recibida de la mano de Nabal, y ha preservado del mal á su siervo; y Jehová ha tornado la malicia de Nabal sobre su propia cabeza. Después envió David á hablar á Abigail, para tomarla por su mujer.» (1 Samuel 25:38-39)
Abigail no tuvo que vengarse ni que cobrar nada: Dios se ocupó de lo que ella no podía. Y su prudencia fue reconocida: David bendijo a Dios por haberlo guardado de hacerse justicia por sí mismo. Una casa se edifica con esa clase de sabiduría:
«LA mujer sabia edifica su casa: mas la necia con sus manos la derriba.» (Proverbios 14:1)
Conclusión
Una mujer prudente actúa a tiempo, habla con humildad y deja la venganza a Dios. Abigail no ganó una discusión: evitó una tragedia. Pidámosle a Dios esa sabiduría para las conversaciones difíciles, los conflictos en la familia y las decisiones que tomamos con prisa o con enojo.
Aplicación
Preguntas para esta semana:
- ¿Hay un conflicto que necesito atender hoy, antes de que crezca?
- ¿Cómo respondo cuando me hieren: con palabras ásperas o con mansedumbre?
- ¿Estoy tratando de vengarme, aunque sea con silencios o con comentarios?
- ¿Qué situación necesito dejar en las manos de Dios?
- ¿A quién puedo pedir consejo para actuar con sabiduría?
Si quieres seguir leyendo sobre este tema, mira la prudencia y mansedumbre: significado bíblico; y para sanar el resentimiento, aprender a perdonar. Más prédicas para mujeres en Proyecto Líder.
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