Prédica cristiana escrita para mujeres sobre ser una mujer fiel: la lealtad de Rut, su fidelidad en lo cotidiano y cómo Dios honra a quien se refugia bajo sus alas (Rut 1 a 4).
Introducción
Rut era moabita, viuda y extranjera en Belén. No tenía casa, ni recursos, ni un futuro que pudiera ver. Sin embargo, la Biblia le dedica un libro entero, no por su fama ni por su posición, sino por algo que vale mucho más: su fidelidad. Hoy queremos aprender de ella a ser una mujer fiel.
Todo empieza con una pérdida. Noemí había perdido a su esposo y a sus dos hijos en tierra extraña, y decide volver a Belén. Sus dos nueras la acompañan al principio del camino. Te invito a leer Rut 1 y a fijarte en lo que cada una decide hacer.
1. Una lealtad que cuesta
«14 Mas ellas alzando otra vez su voz, lloraron: y Orpha besó á su suegra, mas Ruth se quedó con ella. 15 Y Noemi dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto á su pueblo y á sus dioses; vuélvete tú tras ella. 16 Y Ruth respondió: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti: porque donde quiera que tú fueres, iré yo; y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. 17 Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada: así me haga Jehová, y así me dé, que sólo la muerte hará separación entre mí y ti.» (Rut 1:14-17)
Noemí le dio a Rut todas las razones humanas para volver a su pueblo. Orfa regresó; Rut se quedó. Su decisión no fue un sentimiento del momento, sino una promesa pronunciada en el peor momento: «donde quiera que tú fueres, iré yo». Y no solo escogió a Noemí: escogió también a su Dios: «Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios».
La fidelidad verdadera no depende de que todo salga bien. Se demuestra cuando quedarse cuesta. Dios mismo es el ejemplo de esta clase de fidelidad:
«22 Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.» (Lamentaciones 3:22-23)
2. Una fidelidad que trabaja
«2 Y Ruth la Moabita dijo á Noemi: Ruégote que me dejes ir al campo, y cogeré espigas en pos de aquel á cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Ve, hija mía. 3 Fué pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores: y aconteció por ventura, que la suerte del campo era de Booz, el cual era de la parentela de Elimelech.» (Rut 2:2-3)
Rut no esperó a que alguien resolviera su necesidad. Con humildad pidió permiso para ir a espigar, es decir, a recoger las espigas que los segadores dejaban, algo que la ley de Dios había dispuesto para el pobre y el extranjero (Levítico 19:9-10). Y el encargado de los segadores contó cómo había trabajado:
«Y ha dicho: Ruégote que me dejes coger y juntar tras los segadores entre las gavillas: entró pues, y está desde por la mañana hasta ahora, menos un poco que se detuvo en casa.» (Rut 2:7)
Ahí vemos que la fidelidad no son solo grandes decisiones: también es la constancia en lo pequeño, el trabajo de cada día hecho con humildad y sin quejas. Pablo lo dice así:
«Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimo, como al Señor, y no á los hombres;» (Colosenses 3:23)
3. Una fidelidad que Dios ve
«11 Y respondiendo Booz, díjole: Por cierto se me ha declarado todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando á tu padre y á tu madre y la tierra donde naciste, has venido á pueblo que no conociste antes. 12 Jehová galardone tu obra, y tu remuneración sea llena por Jehová Dios de Israel, que has venido para cubrirte debajo de sus alas.» (Rut 2:11-12)
Booz había oído lo que Rut hizo por su suegra. Y fíjate en sus palabras: «Jehová galardone tu obra». Lo que hacemos en silencio, Dios lo ve. Rut había venido a refugiarse bajo las alas del Dios de Israel, y esa es la imagen que usa la Biblia para hablar del cuidado de Dios:
«Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y adarga es su verdad.» (Salmos 91:4)
Cuando nos refugiamos en Dios, no quedamos sin cobertura. Él cuida de quienes confían en Él.
4. Dios honra a quien le es fiel
«13 Booz pues tomó á Ruth, y ella fué su mujer; y luego que entró á ella, Jehová le dió que concibiese y pariese un hijo. 14 Y las mujeres decían á Noemi: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será nombrado en Israel. 15 El cual será restaurador de tu alma, y el que sustentará tu vejez; pues que tu nuera, la cual te ama y te vale más que siete hijos, le ha parido.» (Rut 4:13-15)
Al final del libro, Dios cuidó de Rut y de Noemí. Las mujeres de Belén reconocieron lo que Rut había sido para Noemí: «tu nuera, la cual te ama y te vale más que siete hijos». De Rut nació Obed, que fue el abuelo del rey David (Rut 4:17), y su nombre quedó registrado en la genealogía de Jesús:
«Booz engendró de Ruth á Obed»
Una extranjera que había perdido todo quedó en la historia de la salvación. Dios no olvida la fidelidad.
Conclusión
Rut escogió ser leal cuando quedarse era lo difícil, trabajó con humildad en lo cotidiano y se refugió en el Dios de Israel. Dios vio su fidelidad y la honró más allá de lo que ella pudo imaginar. Una mujer fiel no es la que nunca se cansa, sino la que sigue en el camino porque sabe a quién pertenece.
Aplicación
Preguntas para esta semana:
- ¿Qué compromisos con Dios y con las personas que amo estoy dejando caer cuando se ponen difíciles?
- ¿Soy fiel también en lo pequeño y en lo que nadie ve?
- ¿Trabajo «como para el Señor» o con queja?
- ¿En qué área necesito refugiarme debajo de las alas de Dios?
- ¿A quién necesita Dios que acompañe fielmente en este tiempo?
Si quieres seguir leyendo sobre fidelidad y amor, mira la diligencia: prueba de amor y amados para amar; y para conocer otra historia que llega hasta la genealogía de Jesús, Judá y Tamar. Más prédicas para mujeres en Proyecto Líder.
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