Ana, una mujer de oración | Prédica para mujeres

Prédica cristiana escrita para mujeres sobre ser una mujer de oración: cómo Ana llevó su dolor delante de Dios, esperó con fe y entregó a Dios lo que recibió (1 Samuel 1).

Introducción

Hay dolores que no sabemos explicar y esperas que se alargan más de lo que quisiéramos. A todas nos llega alguna vez el momento en que lo único que nos queda es orar. En 1 Samuel 1 encontramos a Ana, una mujer que vivía una situación difícil y que nos enseña a ser una mujer de oración: no porque tuviera palabras perfectas, sino porque llevó su corazón entero delante de Dios.

Ana era una de las dos esposas de Elcana. La otra tenía hijos; Ana no los tenía. Y la Escritura dice que «su competidora la irritaba, enojándola y entristeciéndola». Año tras año el dolor se repetía cuando la familia subía a adorar a Silo. Te invito a leer 1 Samuel 1:1-20 y a mirar qué hizo Ana con lo que sentía.

1. Ana llevó su dolor a Dios

«9 Y levantóse Anna después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Eli estaba sentado en una silla junto á un pilar del templo de Jehová, 10 Ella con amargura de alma oró á Jehová, y lloró abundantemente. 11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, mas dieres á tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré á Jehová todos los días de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza.» (1 Samuel 1:9-11)

Fíjate en que Ana no fingió. Oró «con amargura de alma» y lloró abundantemente. Dios no nos pide un dolor maquillado ni una oración bonita: nos invita a presentarnos tal como estamos. Lo que el relato nos muestra es que Ana llevó su aflicción al lugar de oración y la puso delante de Jehová, incluso hizo allí su petición y su voto.

La Biblia nos anima a hacer lo mismo:

«Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros.» (1 Pedro 5:7)

«Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón: Dios es nuestro amparo. (Selah.)» (Salmos 62:8)

Orar no es convencer a Dios de algo que Él no sabe. Es abrirle el corazón a quien tiene cuidado de nosotras.

2. Ana oró con sinceridad aunque otros no la entendieron

«12 Y fué que como ella orase largamente delante de Jehová, Eli estaba observando la boca de ella. 13 Mas Anna hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y túvola Eli por borracha. 14 Entonces le dijo Eli: ¿Hasta cuándo estarás borracha?; digiere tu vino. 15 Y Anna le respondió, diciendo: No, señor mío: mas yo soy una mujer trabajada de espíritu: no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. 16 No tengas á tu sierva por una mujer impía: porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.» (1 Samuel 1:12-16)

El sacerdote Elí vio sus labios moverse sin que se oyera su voz y pensó que estaba ebria. Ana pudo ofenderse o irse; en cambio, respondió con respeto y le explicó con sencillez lo que ocurría: «he derramado mi alma delante de Jehová».

Hay momentos en que las personas a nuestro alrededor no entienden nuestra oración ni nuestro dolor. Eso no la hace menos válida. Dios oye incluso lo que no se oye:

«Señor, delante de ti están todos mis deseos; y mi suspiro no te es oculto.» (Salmos 38:9)

3. Ana oró con fe y se fue en paz antes de ver la respuesta

«17 Y Eli respondió, y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho. 18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y fuése la mujer su camino, y comió, y no estuvo más triste.» (1 Samuel 1:17-18)

Mira el orden de los hechos: Ana recibió una palabra de bendición y, dice el texto, «fuése la mujer su camino, y comió, y no estuvo más triste». Todavía no tenía al hijo en los brazos, pero ya no cargaba la angustia. Lo que cambió primero no fueron sus circunstancias, sino su corazón: había entregado la carga a Dios.

Eso es lo que promete la Palabra a quien ora:

«6 Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:6-7)

4. Ana devolvió a Dios lo que Dios le dio

«27 Por este niño oraba, y Jehová me dió lo que le pedí. 28 Yo pues le vuelvo también á Jehová: todos los días que viviere, será de Jehová. Y adoró allí á Jehová.» (1 Samuel 1:27-28)

La historia no termina cuando Ana recibe la respuesta. Ella recordó su voto y dedicó a Dios a su hijo Samuel. Y su oración se convirtió en alabanza:

«Y ANNA oró y dijo: mi corazón se regocija en Jehová, mi cuerno es ensalzado en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salud.» (1 Samuel 2:1)

La oración contestada no se queda en recibir: nos lleva a agradecer y a entregar. Una mujer de oración no solo pide; también da gracias y vuelve a poner en las manos de Dios lo que Él le ha confiado.

Conclusión

Ana llevó su dolor a Dios, oró con sinceridad aunque no la entendieran, salió en paz antes de ver la respuesta y devolvió lo recibido. Esa es una mujer de oración. Tal vez hoy estés esperando algo por lo que llevas años orando: no dejes de acudir a Dios. Él oye, Él tiene cuidado de ti y Él es fiel.

Aplicación

Preguntas para esta semana:

  1. ¿Qué carga estoy guardando que debería derramar delante de Dios?
  2. ¿Oro con el corazón o solo con palabras que suenan bien?
  3. ¿Qué hago cuando alguien no entiende mi dolor o mi manera de orar?
  4. ¿Estoy esperando con paz o con ansiedad lo que le he pedido a Dios?
  5. ¿Qué podría agradecer y entregar hoy a Dios, como hizo Ana?

Si quieres seguir leyendo sobre la oración y la espera, mira cómo orar: el Padre Nuestro y esperando una gran lluvia; y para dar gracias, un corazón agradecido. Más prédicas para mujeres en Proyecto Líder.

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